Faltaban pocos minutos para que dejara de ser su cumpleaños, pero faltaba alguien por felicitarla. A pocos segundos de las 12 de la noche le llegó un mensaje:
Feliz cumpleaños, he esperado a que faltaran pocos segundos porque dicen que siempre se recuerda al primero y al último que te felicita, y no quiero que me olvides.
Y cada año, pese no hablar con él, lo recordó.
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