Hacía mucho tiempo que no mandaba cartas a nadie, el cartero pocas le dejaba a ella también, algunas del banco de vez en cuando y como mucho publicidad de algún restaurante de comida express.
Sin esperarlo, llegó un paquete a su nombre. Ella pensó que el cartero se había equivocado, pero ponía su nombre, la dirección y todo estaba correcto. Aquel día todo cambió.
Escribir por carta parecía algo anticuado, pero sin embargo, a ella le parecía la manera más bonita de comunicarse dos personas. Las palabras transmiten mucho más así, que si las lees en un simple teléfono móvil. Lo instantáneo no tiene tanta gracia. Así que todos los meses se escribieron. Ella coleccionó cada carta con aquella caja del primer paquete. Él las guardaba en un cajón. No tiraron ninguna, porque las intenciones de ambos era algún día tener que juntarlas en un solo salón y no tener que mandar las cartas por correo, sino poder dejárselas por la habitación.
domingo, 26 de junio de 2016
sábado, 4 de junio de 2016
Envenenada
Había pasado millones de obstáculos a lo largo del camino. Era un camino difícil, lleno de misterios, pero sabía que quedaba poco para llenar al final y poder descansar. Pero siempre pasa lo mismo, cuando estas casi llegando a la meta, son los metros mas duros, puesto que el cansancio hace que veas todo cuesta arriba. Al empezar el camino tenia claro que iba a acabarlo, pero se le iba acabando el tiempo, tenía que ir cada vez más rápida, lo que hizo que su cuerpo de desprendiera en el suelo y se diera por vencida.
-¿Vas a tirar ahora la toalla?- Le dijo un pájaro que la vio caer.
-Déjala, no puede más, no puede llegar hasta el final, ni siquiera arrastrándose podría llegar a la meta-Dijo una serpiente rodeando a la chica.
-Simplemente necesita descansar, ha andado mucho hasta llegar hasta aquí-Le respondió el pájaro a la serpiente.
-Si descansa. no llegará a tiempo allá donde quiera ir-dijo la serpiente marchándose de allí lentamente.
Ya la había envenenado con sus ideas, pensó que era el momento de abandonar, pero cuando fue a cerrar los ojos mil mariposas empezaron a rodearla, casi la estaban empujando a levantarse. Eran preciosas y después de tantos días de oscuridad en aquel bosque, fue lo mas hermoso que había visto.
Recordó entonces porque quería terminar aquel camino: porque había tenido millones de aventuras desde que había comenzado ese viaje que era su sueño desde que era pequeña, y a su vez sabía que le quedaban muchas cosas preciosas que ver una vez que llegará hasta el final.
Se levantó, cogió su pequeña mochila y se puso de nuevo andar, pero esta vez con una meta diferente: no dejar que más serpientes se cruzaran en su camino y no pararse hasta conseguir llegar al final.
-¿Vas a tirar ahora la toalla?- Le dijo un pájaro que la vio caer.
-Déjala, no puede más, no puede llegar hasta el final, ni siquiera arrastrándose podría llegar a la meta-Dijo una serpiente rodeando a la chica.
-Simplemente necesita descansar, ha andado mucho hasta llegar hasta aquí-Le respondió el pájaro a la serpiente.
-Si descansa. no llegará a tiempo allá donde quiera ir-dijo la serpiente marchándose de allí lentamente.
Ya la había envenenado con sus ideas, pensó que era el momento de abandonar, pero cuando fue a cerrar los ojos mil mariposas empezaron a rodearla, casi la estaban empujando a levantarse. Eran preciosas y después de tantos días de oscuridad en aquel bosque, fue lo mas hermoso que había visto.
Recordó entonces porque quería terminar aquel camino: porque había tenido millones de aventuras desde que había comenzado ese viaje que era su sueño desde que era pequeña, y a su vez sabía que le quedaban muchas cosas preciosas que ver una vez que llegará hasta el final.
Se levantó, cogió su pequeña mochila y se puso de nuevo andar, pero esta vez con una meta diferente: no dejar que más serpientes se cruzaran en su camino y no pararse hasta conseguir llegar al final.
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