miércoles, 23 de septiembre de 2015

La batalla de los dioses

Tuvo que andar varios kilómetros hasta encontrar un lugar donde refugiarse. Llovía a mares, nunca había llovido con tanta fuerza en aquella ciudad. Los dioses parecían luchar entre ellos lanzándose truenos y relámpagos iluminando cada rincón de aquel lugar.

El pequeño Danko estaba tan asustado que le temblaba todo el cuerpo, nunca había visto nada parecido, para cruzar las calles incluso tuvo que nadar. Llegó a lo alto de una cuesta, donde parecía que el agua no podía llegar, y allí junto una escalera se tumbó a descasar.

Hacia frío, el agua caía helada y con su pelo mojado le costaba incluso respirar. La tremenda tormenta parecía ir a más, estaba solo y comenzó a aullar.

Apareció como de la nada, mojada, y sin apenas poder caminar, una preciosa gatita. Danko al verla cojear se levantó y la fue a ayudar. La llevó a aquella escalera y vio que estaba muy mal, su patita no paraba de sangrar.

Ni corto ni perezoso, recuperó sus fuerzas y  se fue a buscar alguna cosa para poderla tapar. Recordó que no muy lejos había una cabaña y quizá allí pudiera encontrar algo de ropa o incluso comida que le pudiera llevar. Al llegar a aquel tétrico sitio atravesó una alambrada y se enfrentó a grandes zonas de barro que le impedían caminar. Llegó finalmente a la puerta y todo estaba cerrado, no había manera de entrar. De repente, algo blanco parecía balancearse por el viento en la esquina de la casa. Era un viejo mantel blanco, encima de una mesa rota que Danko pudo morder y tirar al suelo. Sabia que iba a llegar mojado hasta donde había dejado a su paciente, pero se embarco en la aventura de vuelta a aquel lugar.

La gatita estaba maullando de dolor sin parar, al llegar Danko como pudo le enrolló la patita en aquel mantel y se tumbó cerca de ella para poderla calentar. Ambos sabían que la tormenta pararía y que si se mantenían juntos no morirían. Sacaron en aquellos momentos tan duros todas sus fuerzas y así lograron vencer la batalla que los dioses habían comenzado y de la cual a nadie podían culpar.


lunes, 21 de septiembre de 2015

Caricias

Sus caricias parecían rayos de sol que atravesaban a través de las nubes de tormenta y hacían caer las gotas de lluvia más suaves sobre aquella tierra húmeda que necesitaba de nuevo la luz del sol para brotar.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Distancia corta

Se observaron de lejos, eran dos desconocidos observando el mismo espectáculo que no dejaban de mirarse con disimulo. Ella se giró unos segundos y al mirar hacia él, ya se había marchado. Pero algo le decía que volverían a encontrase y quizá cuando lo hicieran se saludaran no solo a través de miradas.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Todos los días sale el sol

Hasta en nuestra imaginación.

Estrella fugaz

Miraban las estrellas tumbados en el asfalto de una carretera abandonada, esperando que alguna estrella fugaz apareciera para poder pedir un deseo. Deseaban cosas totalmente diferentes pero que tenían algo en común, querían que las estrellas les cambiaran la vida.

Confianza

No sabía si confiar en ella cada vez que le tendía la mano. Sabía que era buena chica, pero le habían hecho mucho daño.
Dejó de confiar hace mucho tiempo en la gente, pero ella era diferente, levantaba su ánimo, su sonrisa y se estaba ganando su confianza cada día que pasaba. Pero el notar esa sensación de tener el corazón a cien, de mirar con ilusión y de sentir cosas más allá de la amistad le hacían pensar en muchas cosas.

 Mientras ella aprovechaba cada minuto a su lado, sabiendo que cada día estaba más cerca de lograr que ese chico volviera a confiar y quizá algún día lo lograría besar.

domingo, 13 de septiembre de 2015

22

Era 13 de septiembre, las doce de la noche y la mas pequeña felicitó a su estrella, esa estrella caída del cielo y que alguien puso en su camino para protegerla. Era su cumpleaños, cumplía 22 años.
No se conocían desde pequeñas, sin embargo, parecía que hubiesen crecido juntas. Tampoco se conocían desde hace años, la universidad las unió en una clase y a partir de ahí fueron forjando una amistad de oro.

Les gustaba soñar despiertas, reírse de las cosas serias, hacer lo difícil fácil y hasta llorar juntas, incluso cuando no tenían el hombro de la otra para apoyarse. Eran hermanas, no de sangre, pero si de sentimiento y eso era más fuerte que todo lo demás. 

Risueñas y escandalosas, graciosas y trabajadoras, lo tenían todo. Estaban ahí para lo bueno y para lo malo, para ayudarse y apoyarse y sobre todo escucharse. 


Deseaban que llegara el día para volver a verse, pero a la vez sabían que este año al terminar la carrera tendrían que separarse de nuevo, pero siempre iban a estar juntas porque una vez ganados sus corazones, nada podía distanciarlas.

Siempre tendrían una familia haya donde quiera que el destino las lleve. 

Pero esto quedaba tan lejos, que pensar en ello no les gustaba, Hoy era el día de pensar solo en que esa hermanita que cumplía años lo pasara bien, disfrutara y pronto estuvieran juntas para celebrarlo y pasar momentos inolvidables como hasta ahora siempre han hecho. 






miércoles, 2 de septiembre de 2015

El cole

Quedaban pocos días para empezar de nuevo el cole, la rutina de levantarse temprano, preparar los libros, hacer deberes y tener exámenes.

María no quería que terminara el verano, tenia miedo porque cada curso era más difícil y ese verano había sido demasiado divertido como para tener que dejarlo terminar ya.

Pero a la vez deseaba llegar a clase, abrazar a sus amigos y amigas, ver de nuevo a sus profesores, sobre todo a la de música que a la vez era su asignatura favorita.

Y así pasaba las noches, casi en vela, pese a que faltaban aun varias semanas para comenzar el nuevo curso, porque los nervios podían con ella y con sus ganas de dormir, aun sabiendo que una vez llegado ese día iba a tener millones de historias nuevas que añadir a sus experiencias en "su cole".

El paraiso

Fueron a pasar la tarde juntos al lugar donde las aguas llegaban y chocaban contra las rocas mientras que los peces jugaban con las burbujas y las gaviotas jugaban a saltar las olas.

Aquel lugar donde se encontraban solos, disfrutando de la tranquilidad del mar, saltando al agua, buceando y sintiéndose libres , lo denominaron:"El paraíso". Desde entonces no había semana de aquel verano que no fueran a ver su rincón especial y disfrutar simplemente con el mar.