No hay nada como viajar bien acompañada por su dulzura, su belleza, su forma y su resplandor.
Aquel viaje en coche no fue solitario como todos los que hacia de noche día si y día no.
Ella decidió acompañarme y no dejarme sola hasta llegar a mi destino y allí frente a mi casa se quedó.
Era una luna hermosa, luna llena que iluminaba todo el cielo y parecía un gran sol.
Esa noche pude dormir tranquila, ya que su luz me hizo compañía, desde la ventana ella me veía y con ella soñé porque en mi retina ya vivía.
sábado, 23 de abril de 2016
miércoles, 6 de abril de 2016
Sovering
Durante una semana no soñaron con dormir, ni con despertar, sino en disfrutar.
En tan solo 24 horas ya sabían que iba a ser el viaje de sus vidas y que nunca lo olvidarían.
Y es que hay muchos viajes a lo largo de la vida, pero no hay nada como un viaje de fin de curso.
Fue un viaje improvisado, en menos de una semana se tuvieron que organizar, pasaron mucho agobio, hubieron muchas bajas por el camino y de casi la mitad de la clase, al final solo viajaron las mas afortunadas, 15 valientes que desde que montaron al barco iban mareadas, a veces por el oleaje y otras por el alcohol que llevaban en las venas, pero les daba igual todo, habían ido a disfrutar y lo estaban consiguiendo.
Hicieron amigos, cogieron cariño a la tripulación, tuvieron sus mas y sus menos entre ellas, pero acabaron viviendo una experiencia inolvidable juntas. Los disfraces, las risas, los bailes, los sustos, las alegrías, los llantos... pasaban tantas cosas cada minuto, que al volver a tierra sabían que nada iba a ser igual porque se quedaban miles de recuerdos guardados en cada parte del sovering, quien les había robado el corazón para dejarlos bailando en la popa viendo para siempre el atardecer.
En tan solo 24 horas ya sabían que iba a ser el viaje de sus vidas y que nunca lo olvidarían.
Y es que hay muchos viajes a lo largo de la vida, pero no hay nada como un viaje de fin de curso.
Fue un viaje improvisado, en menos de una semana se tuvieron que organizar, pasaron mucho agobio, hubieron muchas bajas por el camino y de casi la mitad de la clase, al final solo viajaron las mas afortunadas, 15 valientes que desde que montaron al barco iban mareadas, a veces por el oleaje y otras por el alcohol que llevaban en las venas, pero les daba igual todo, habían ido a disfrutar y lo estaban consiguiendo.
Hicieron amigos, cogieron cariño a la tripulación, tuvieron sus mas y sus menos entre ellas, pero acabaron viviendo una experiencia inolvidable juntas. Los disfraces, las risas, los bailes, los sustos, las alegrías, los llantos... pasaban tantas cosas cada minuto, que al volver a tierra sabían que nada iba a ser igual porque se quedaban miles de recuerdos guardados en cada parte del sovering, quien les había robado el corazón para dejarlos bailando en la popa viendo para siempre el atardecer.
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