No hay nada como viajar bien acompañada por su dulzura, su belleza, su forma y su resplandor.
Aquel viaje en coche no fue solitario como todos los que hacia de noche día si y día no.
Ella decidió acompañarme y no dejarme sola hasta llegar a mi destino y allí frente a mi casa se quedó.
Era una luna hermosa, luna llena que iluminaba todo el cielo y parecía un gran sol.
Esa noche pude dormir tranquila, ya que su luz me hizo compañía, desde la ventana ella me veía y con ella soñé porque en mi retina ya vivía.

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