Chusta era una ratoncita que llego al mundo unos meses mas tarde que su compañera Yulhiia. Las dos vivían en Transformice, la ciudad de ratones más enorme y bonita de todo el mundo. Allí vivían todos los ratones y jugaban juntos desde pequeños e iban aprendiendo todo lo necesario para la vida: saltar, correr, escalar, y pelear para conseguir quesos y no morir de hambre.
Chusta recién llegada fue acogida en una casita adorable donde viviría con Yulhiia, quien la ayudo en todo para aprender a ser una gran ratona. Yulhiia tenía 9 meses y había aprendido ya bastante, lo suficiente para vivir en una casita cómoda, con dos habitaciones, un salón, una cocina-comedor, una zona de estudio y un jardín con piscina. Las dos ratitas pasaban algunos días allí escuchando música o jugando al escondite con otros que Yulhiia acogía.
Pero lo malo era enfrentarse a la gran ciudad, donde miles de ratones luchaban por sobrevivir, sometiéndose a fuego, hielo, saltando muros enormes de piedra y madera, y lo mas difícil de todo...tenían que pasar por túneles de agua, en el que la mitad de ellos morían ahogados sin poder hacer nada.
Chusta las primeras semanas tenia miedo, era pequeña, indefensa, pero aprendió muy rápido, su amiga estaba muy orgullosa de ella, veía como iba avanzando cada día mas y sentía que la había enseñado bien y podía dejarla sola en la ciudad sin que le pasara nada.
Pero casi siempre estaban juntas, insultando a otros ratones, bailando, riendo y haciendo nuevos amigos, porque las dos eran las ratonas más guapas y simpáticas. Todos los ratones estaban locos por ellas, por donde pasaban enamoraban. Tenían estilo, elegancia y un movimiento sexy de rabito que a todos hipnotizaba. La mayoría de veces jugaban con los que intentaban coquetear con ellas, aunque a veces Chusta era algo cruel con algunos ratones pesados.
Llego entonces la navidad, y empezó a nevar mucho en la ciudad, Yulhiia tenía pocas defensas, por pasarse el día escalando, intentando pasar el agua helada de invierno o jugando a hacer bolas y muñecos de nieve, así que enfermó. Estuvo 4 días en la cama con fiebre, sola en la casita sin nadie que pudiese cuidar de ella, ya que eran las fiestas y todos estaban celebrando la navidad. Sin comer, sin dormir, sin poder respirar apenas estuvo tapada en su cama, esperando a que alguno de sus amigos fuera a visitarla y la ayudara.
Fue demasiado tarde, muy débil, casi en los huesos, con los pelos tapándole la carita, encontraron a Yulhiia en el sofá. La llevaron al chaman, para que la reanimase con un par de chispas. Chusta al enterarse fue corriendo, pero ya no la dejaron pasar. La ciudad de blanca navidad vestía de negro, Yulhiia los había dejado para ir quizá a un lugar mejor, dejando sola para siempre a Chusta, con una notita que dejo en su habitación:
"Todo ratón aprende desde pequeño, es ayudado por los ratones grandes para sobrevivir, después los pequeños somos los que ayudamos, pero todos tenemos que morir. Espero que consigas ser una profesora de ratones perfecta, que cuides la casa y riegues el árbol del jardín, que algún día te cases con un ratoncito y seas feliz, aunque no este yo allí. No estés triste nunca, pues desde las estrellas de Transformice te cuidaré, míralas siempre que salga la Luna y desde allí yo brillaré."

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