viernes, 16 de diciembre de 2016

Nuestra historia

Érase una vez, allá por el 2016, 26 personas valientes salieron a la calle en busca de futuro. Cada uno de ellos era de una ciudad diferente, pero todos encontraron algo que les iba a unir.El destino los llevó a la torre más alta de un castillo, donde mil aventuras nuevas iban a pasar juntos.

Al principio era incómodo, pero a medida que los días pasaron esa incomodidad se fué y aparecieron miradas, caricias, besos, abrazos, amor, risas y muchísimas experiencias grupales.

Algunos se perdieron por el camino, pero los demás se convirtieron en máquinas de tren, artistas de televisión, pintores, soñadores, espías, planificadores, deportistas, jueces, pensadores, metaconsexuales y mil cosas más que los convirtieron en amigos.

Hacían travesuras, habían cuchicheos, tuvieron conflictos, pero consiguieron que llegara la paz y la escucha activa. Entre todos iban subiendo cada escalón de aquella torre. Se fueron ayudando y motivando para que aquello no pareciera nada.

Ahora se encuentran arriba de la torre, han encontrado unas magníficas vistas del mundo y no quieren salir de allí, no quieren separarse, porque son una familia, llena de amor que darse entre ellos y al resto del mundo.

Pero saben que tienen que salir de ese castillo y enfrentarse a un camino difícil, aunque no tienen miedo porque saben que cuando tengan un obstáculo o un problema pueden contar con personas increíbles que los entenderán y ayudarán siempre.

Y esta historia solo acaba de empezar...

jueves, 8 de diciembre de 2016

El momento exacto

Cuando menos te lo esperas aparece alguien que cambia tu vida por completo,que hace que el reloj se pare o que vaya tan deprisa que no entiendas como habiendo pasado todo el día juntos, se te ha quedado una sensación de que aún os han faltado cosas por contar o por hacer.

Las grandes amistades no se eligen, aparecen, y no eres tú quien las escoge, es tu corazón junto con el destino o el azar los que se encargan de todo.

Por lo tanto, tú deber es estar ahí, en el momento exacto y en el sitio indicado para conocer a tus mejores amigos, a esas amigas que echas de menos, a tu chico perfecto y a un millón de personas que aún te quedan por conocer, aunque eso aún no lo sabes.

Un diario de ensueño

Empezó a escribir un diario, pero no uno cualquiera, uno con todos los sueños que tenía cada noche. Todo empezó con un gran sueño:

Día 1:
Me veo en la necesidad de escribir lo que anoche soñé, porque es la primera vez que se cumple un sueño que he tenido. Pasé toda la noche soñando con una mujer de pelo rizado color caoba. Debo añadir que nunca había visto a esa mujer, pero esta mañana de camino a la universidad me la he cruzado, era ella, entraba a una cafetería, creo que es camarera,o al menos, seguro que trabaja allí.

Día 2:
He vuelto a soñar con la mujer de ayer. Esta vez yo entraba a tomar un café y es ella quien me atendía. Era bastante amable conmigo y ya no recuerdo nada más, así que hoy tomaré café en ese bar, quiero hacer que se cumpla mi sueño.

Día 3:
Soñé que volvía al bar, pero parecía como si hubiesen pasado varios días, y que era como algo ya habitual el ir allí. En este sueño estaba con mis amigas y aparecían cuatro chicos que no paraban de mirarnos, como si hablaran de nosotras bastante bien. Y soñaba que al día siguiente tambien íbamos y que allí estaban de nuevo esos chicos, pero esta vez nos invitaban a jugar al billar. Es curioso. ¿Imaginas que algún día me pase eso de verdad?

Día 65:
Anoche tuve una pesadilla y me costó volver a coger el sueño después de ver un asesinato. Era en un parque cerca de mi casa, así que espero no pasar por allí, no quiero que se cumpla ese sueño.

Día 170:
Soñé con él. No entiendo como puede llegar a ser tan perfecto y guapo, hasta en mis sueños. Ojalá lo hubiese conocido antes y espero volver a verlo pronto, me gustaría hacerme su amiga, porque es un chico encantador.

Día 178:
Cada vez que me cruzo con él, tengo sueños maravillosos. Hoy lo ví en el bar, estaba con mis amigas y él y sus amigos no paraban de mirarnos, pero ni nos saludamos. Cuando llegué a casa, me puse algo triste, porque esperaba que se acercase a mi, ya que no eramos desconocidos. Así que he estado soñando que lo hacía, que me hablaba y que íbamos después a dar una vuelta, me invitaba a unas cervezas y al anochecer me traía a casa. Al cerrar la puerta de casa desperté. Ojalá hubiese sido realidad.

Día 179:
Se han cumplido mis sueños de ayer, y el de hoy a la vez. Hoy me besaba, bajo la luz de la luna, antes de llevarme a casa después de haber estado dando vueltas con una moto. En la realidad no me ha llevado en moto, pero si en coche, después de coincidir en el bar y hablara conmigo, hemos jugado al billar y todo. Esto de vivir cosas de ensueño, es como tener dejavus, parece que viva las cosas dos veces y es muy emocionante, aunque a la vez es aterrador. Pero me ha gustado más el beso en la vida real porque en el sueño no sentía latir nuestros corazones y tampoco nos temblaban las manos.

Día 365:
Ha pasado un año, y tengo que dejar de escribir en este diario. Espero que alguien lo encuentre algún día y llegue hasta esta página, porque así entenderá porque he dejado de escribir ya. Hace unos días vi un asesinato en el parque mientras Charlie y yo estábamos tumbados contando estrellas cogidos de la mano, se repite esa imagen dentro de mi cabeza una y otra vez. No puedo dejar de soñar otra cosa, solo veo a aquel hombre, aquel cuchillo caer al suelo, aquella mujer que caía al césped y aquel grito agonizante del que nadie pudo salvarla. No puedo seguir escribiendo, porque mañana no tendré ningún sueño, no volveré a soñar, ni a seguir teniendo la sensación de que todo lo que escribo en este diario se cumple, porque acabo de soñar que esa mujer que moría era yo, pero ahora ya es demasiado tarde para no ir al parque, puesto que estamos aquí disfrutando de la tarde, mientras yo escribo esto y él me compra un helado, posiblemente mi último helado.

martes, 6 de diciembre de 2016

Simplemente felices

Rondaba la gran crisis del año 2040, cuando medio mundo se iba a pique entre guerra y guerra. Los políticos no hacían nada y las personas no tenían nada en que creer, habían perdido la fe y la esperanza. España se encontraba dividida, no existían comunidades autónomas, ni grandes ciudades, todo estaba destruido. Parecía la Guerra Civil Española que narraban los libros de historia. Sin embargo, esta guerra había sido mucho peor, la gente se dejaba matar, no luchaban, porque no habían aprendido ni a usar armas, ni a pelear en combates, solo sabían usar las teclas de los ordenadores o de sus phonLINXs, los teléfonos móviles de última generación, que no les eran útiles en esta ocasión ya que no tenían una aplicación que los transformara en armas.

Aquella guerra les pilló desprevenidos, pese a que todos sabían que iba a llegar. En la televisión y en las redes sociales se publicaba todos los días que "algo horroroso iba a pasar", que "el mundo estaba en peligro" y no iba a ser por algo que ocurriera por contaminación medioambiental, que "la guerra estaba apunto de estallar". Pero nadie hacia caso a aquellos titulares, seguían haciendo sus vidas sedentarias tan normales frente las pantallas planas de todo lo que tenían en casa.

El pueblo de Castillo del Villar, fue el único de España que creó una estrategia. Era un pueblo de pocos habitantes y antes de escuchar la primera bomba caer, supieron que tenían que unir sus fuerzas o morir en el intento, pero que huyendo y de brazos cruzados no conseguirían nada. Se refugiaron todos como pudieron en el antiguo Castillo, que desde los años 90 solo servía como museo. Las mujeres y los niños refugiados en las antiguas celdas y los hombres intentando que aquel lugar se convirtiera en un lugar seguro.


Mientras tanto otras ciudades se llenaban de jóvenes que morían  fotografiando la catástrofe, para intentar hacerse los héroes en sus redes sociales. Los niños morían sepultados sin que los padres recordasen que los dejaban atrás mientras huían en barcos, aviones y coches hacia lugares seguros. Y es que, al parecer, pese a estar informados de que todo el mundo estaba en guerra y no había ningún sitio seguro, preferían creer que las noticias eran mentira y morían intentando escapar de aquella realidad, que les quitaba su caparazón virtual y los dejaba hechos cenizas bajo el mar o en el asfalto de las carreteras.


Tras meses de ríos llenos de sangre, un humilde superviviente del norte vio el agua clara y fue a avisar a los que aún quedaban vivos de su pueblo natal. Cuando les anunció la noticia empezaron a salir bajo tierra, como si de muertos vivientes se trataran, pero ellos estaban más vivos que nunca. Se abrazaron y celebraron que la guerra había terminado. Miraron al cielo gris que dejaba una gran lluvia caer ante ellos y disfrutaron corriendo, bailando y saltando bajo la lluvia.
En Castillo del Villar lo celebraron mucho más, bautizando aquel día como " El día de la lluvia naciente", nombre que poco después copiaron los demás pueblos que habían sobrevivido y convirtiéndolo en la fiesta nacional que celebramos hoy. Gracias a aquella guerra, el mundo abrió los ojos de la gente, la lluvia sanó sus corazones y a las generaciones posteriores nos educaron para cuidar la naturaleza, amar y respetar a todos los seres vivos, y sobre todo, a que no nos importe el dinero, nos importe la vida y no los bienes materiales.

En el pasado lo tuvieron todo y se quedaron sin nada, nosotros ahora, treinta y ocho años más tarde,tenemos más que ellos, porque nos tenemos los unos a los otros y no nos preocupamos por querer demostrar que estamos felices, simplemente lo somos.