La Cenicienta se cansó de estar de esclava. Se cansó de ser la que siempre escucha y calla. Se cansó de ver injusticias y de nunca poder decir nada.
La dulce y pequeña sirvienta sólo quería tirar la escoba, romper los platos, gritar fuerte y huir de allí.
Cenicienta estaba harta del maltrato al que se veía sometida día tras día, no quería pasar su vida de rodillas ni pidiendo perdón por todo, quería levantarse una mañana y poder decir "hoy voy a ser feliz sin que nadie se interponga en mi camino", y para ello dejó todo lo que tenía y voló.
Ahora no sabía lo que haría con su vida, ni si mañana saldría el sol, pero si sabía que al menos no lloraría más su pequeño corazón.