martes, 10 de julio de 2018

Sumergido

Sus lagrimas formaban el río por el que decidí navegar.
Todos los días había agua suficiente para poder subirme en la barca y ver donde me llevaban sus pensamientos, su rabia y su dolor.

Sus ojos claros se apagaban con cada gota derramada, pero yo no dejaba de remar.
Navegué día y noche hasta poder encontrar lo que tanto le hacía llorar.

Imaginaba que esos ojos apagados y llenos de tristeza solo tenían una razón para haberse dejado inundar así. Y no me equivocaba, porque en esos días que entre sus agua yo me sumergía, pude ver en sus pupilas los recuerdos que la ahogaban.

Cuando llegué a tierra solo pude mirarla a los ojos, para que los míos le dieran color y abrazarla despacio para que sintiera mi calor. Porque ojalá cuando entre lagrimas más de uno hemos acabado, alguien nos hubiese abrazado.