Eran las 4,30 de la madrugada y parecía que solo hubiesen pasado un par de horas desde que me acosté a las 10. Llevaba un par de semanas resfriada, pero la fiebre siempre aumentaba en horas desesperantes. Yo solo quería descansar, porque así quizá se me curaba todo, pero no podía dormir con treinta y ocho y medio de fiebre.
Quince días constipada, no era normal, me había mirado un tuerto seguro. Apenas podía moverme para buscar las pastillas, ojala uno de los muñecos de la cama pudiese moverse en plan "Toy Story" y buscara las pastillas por mi. Creo que para las próximas navidades pediré eso, pero mientras tanto, seguía como una sonámbula registrando el cajón de la mesita para encontrar algo con tacto a pastilla, eso si ,sin levantarme de la cama, ya que hacia un frío espantoso en esa habitación que parece un congelador en invierno. Al fin las encuentro, no se muy bien como, consigo meterme una en la boca y cojo entonces rápidamente la botella de agua, para poder tragármela mejor. Con unos guiños en la cara, noto como pasa poco a poco, pensando "¿Dios te imaginas que se me va por otro lado, o se queda justo ahí y no pasa?"
Pensamientos delirantes a las 5 de la mañana, tampoco es de extrañar, y menos con fiebre. Así que intentaba dormir, pero llegaban miles de pensamientos a mi cabeza. Eran como pájaros que venían con una carta, la leías, y antes de que pudieses terminar de darle vueltas al tema, venia otro pájaro, con otra carta, que te hacia olvidar todo lo anterior. Estuve así casi hasta las 6 de la mañana, que escuche la puerta de la calle. Era mi padre que acababa de llegar a casa después de una noche loca de fiesta. Si señor, el a su edad bailando y ligando y yo aquí, enferma, cual vieja tirada en la cama, con pájaros en la cabeza, a base de pastillas, sin poder moverme.... ¿Tendría algún caso raro en el cual a los 18, fuese como si tuvieses 88?
Era otra rayada mas, así que intente desconectar, no pensar, cerrar los ojos, dejarme llevar por la imaginación, ser feliz aunque solo fuesen 2 minutos, era lo único que pedía para una noche de dolores corporales constantes, respiraciones escasas y sin magia para curarme en un segundo y dejarme como nueva.
Y con este pensamiento último me dormí, soñando con pociones mágicas que curaban el resfriado y te hacían volver de nuevo a la vida, tan feliz como siempre. Pero bueno, aunque no exista esa magnifica poción, en unos días estaré como nueva, y volveré a ver brillar el sol.
No hay comentarios:
Publicar un comentario