domingo, 13 de septiembre de 2015

22

Era 13 de septiembre, las doce de la noche y la mas pequeña felicitó a su estrella, esa estrella caída del cielo y que alguien puso en su camino para protegerla. Era su cumpleaños, cumplía 22 años.
No se conocían desde pequeñas, sin embargo, parecía que hubiesen crecido juntas. Tampoco se conocían desde hace años, la universidad las unió en una clase y a partir de ahí fueron forjando una amistad de oro.

Les gustaba soñar despiertas, reírse de las cosas serias, hacer lo difícil fácil y hasta llorar juntas, incluso cuando no tenían el hombro de la otra para apoyarse. Eran hermanas, no de sangre, pero si de sentimiento y eso era más fuerte que todo lo demás. 

Risueñas y escandalosas, graciosas y trabajadoras, lo tenían todo. Estaban ahí para lo bueno y para lo malo, para ayudarse y apoyarse y sobre todo escucharse. 


Deseaban que llegara el día para volver a verse, pero a la vez sabían que este año al terminar la carrera tendrían que separarse de nuevo, pero siempre iban a estar juntas porque una vez ganados sus corazones, nada podía distanciarlas.

Siempre tendrían una familia haya donde quiera que el destino las lleve. 

Pero esto quedaba tan lejos, que pensar en ello no les gustaba, Hoy era el día de pensar solo en que esa hermanita que cumplía años lo pasara bien, disfrutara y pronto estuvieran juntas para celebrarlo y pasar momentos inolvidables como hasta ahora siempre han hecho. 






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