Había pasado millones de obstáculos a lo largo del camino. Era un camino difícil, lleno de misterios, pero sabía que quedaba poco para llenar al final y poder descansar. Pero siempre pasa lo mismo, cuando estas casi llegando a la meta, son los metros mas duros, puesto que el cansancio hace que veas todo cuesta arriba. Al empezar el camino tenia claro que iba a acabarlo, pero se le iba acabando el tiempo, tenía que ir cada vez más rápida, lo que hizo que su cuerpo de desprendiera en el suelo y se diera por vencida.
-¿Vas a tirar ahora la toalla?- Le dijo un pájaro que la vio caer.
-Déjala, no puede más, no puede llegar hasta el final, ni siquiera arrastrándose podría llegar a la meta-Dijo una serpiente rodeando a la chica.
-Simplemente necesita descansar, ha andado mucho hasta llegar hasta aquí-Le respondió el pájaro a la serpiente.
-Si descansa. no llegará a tiempo allá donde quiera ir-dijo la serpiente marchándose de allí lentamente.
Ya la había envenenado con sus ideas, pensó que era el momento de abandonar, pero cuando fue a cerrar los ojos mil mariposas empezaron a rodearla, casi la estaban empujando a levantarse. Eran preciosas y después de tantos días de oscuridad en aquel bosque, fue lo mas hermoso que había visto.
Recordó entonces porque quería terminar aquel camino: porque había tenido millones de aventuras desde que había comenzado ese viaje que era su sueño desde que era pequeña, y a su vez sabía que le quedaban muchas cosas preciosas que ver una vez que llegará hasta el final.
Se levantó, cogió su pequeña mochila y se puso de nuevo andar, pero esta vez con una meta diferente: no dejar que más serpientes se cruzaran en su camino y no pararse hasta conseguir llegar al final.

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