domingo, 26 de junio de 2016

Carta a carta

Hacía mucho tiempo que no mandaba cartas a nadie, el cartero pocas le dejaba a ella también, algunas del banco de vez en cuando y como mucho publicidad de algún restaurante de comida express.

Sin esperarlo, llegó un paquete a su nombre. Ella pensó que el cartero se había equivocado, pero ponía su nombre, la dirección y todo estaba correcto. Aquel día todo cambió.

Escribir por carta parecía algo anticuado, pero sin embargo, a ella le parecía la manera más bonita de comunicarse dos personas. Las palabras transmiten mucho más así, que si las lees en un simple teléfono móvil. Lo instantáneo no tiene tanta gracia. Así que todos los meses se escribieron. Ella coleccionó cada carta con aquella caja del primer paquete. Él las guardaba en un cajón. No tiraron ninguna, porque las intenciones de ambos era algún día tener que juntarlas en un solo salón y no tener que mandar las cartas por correo, sino poder dejárselas por la habitación.

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