lunes, 17 de agosto de 2015

La luna

La distancia les hacía estar a muchos kilómetros y aun sin poder verse, su amor iba creciendo cada día. Él la llamaba cada noche, y uno de esos días quiso demostrarle que la distancia no era nada:

-Asómate a la ventana.
-¿Para qué?- preguntó ella extrañada.
-¿Estás ya asomada?
-Sí, ya estoy en la ventana.
-Mira hacia la luna. 

Y cuando ella miró,  parecía que la luna le sonreía. 

-¿La ves? -Preguntó él. 
-Si, luna llena.
-Es para que veas que nunca estaremos demasiado lejos, porque los dos estamos viendo lo mismo ahora mismo. Te quiero.

A partir de esa noche, siempre hablaban por teléfono mirando hacia el mismo punto.

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