martes, 11 de agosto de 2015

Flor

Creció en un territorio abandonado donde ninguna flor más había desde hacia muchos años.
Una bruja que vivía allí, al verla, pensó que al fin podría hacer su poción mágica con ella, porque al fin nacía algo bonito por allí y era justo lo que necesitaba.


Como era aun pequeña, la trasplantó a un gran macetero y la puso cerca de su salón lleno de polvo.
La flor le daba un toque menos demoníaco a aquella casa tétrica.

La pequeña florecilla fue creciendo con los buenos cuidados que aquella bruja le daba. Estaba tan feliz que cada día resplandecía mas, crecía y crecía, haciéndose muy hermosa.

La bruja al verla así buscó su viejo libro de pociones y comenzó a leer en voz alta lo que tenia que hacer con aquella flor.

La pequeña florecilla al escuchar aquellas palabras entristeció de golpe, perdió su brillo y un pétalo cayó.

La bruja al ver esto, pensó que poco tiempo tenia para hacerla así que empezó a leer más rápido y cogió una pala para quitarla hasta con las raíces.

A la flor se le volvió a caer otro pétalo y la bruja al verla sin esos pétalos pensó:

-Con lo bonita que estaba, que incluso me gustaba verla por las mañanas y sentarme en el sillón a observarla, me había acostumbrado a su fragancia y a verla crecer. Ya no tendré nada con que ocuparme, ni a quien echarle agua y ahora se le caen hasta los pétalos.

La puso sobre una mesa, había una cazuela a fuego lento donde echó un montón de potingues y de repente, cuando fue a coger la flor para echarla dentro se dio la vuelta, la miro y pensó que si había estado tantos años sin conseguir algo bonito, para una vez que encontraba algo que hasta le hacia compañía, no podía hacerla morir así.

Volvió a coger la pala y en el macetero la volvió a meter,
Pensó que moriría, pero al menos no quemada por el fuego, sino a su lado.

La flor, al notar la tierra húmeda, sintió una alegría enorme, se sentía orgullosa de la bruja que la había cuidado y al final no la había usado para una poción. Estaba tan contenta que cuando la bruja se fue a la cama, la pequeña flor le quiso dar una sorpresa y se recuperó, volvió a estar radiante.

La bruja al levantarse, lo primero que hizo fue ir a ver si su pequeña amiga seguía con algo de vida, para intentar hacer algún conjuro, pero la sorpresa fue tan grande que no sabia ni que hacer para celebrarlo.

La flor noto su felicidad y volvió a crecer un poquito más. Casi tocaba el techo, había recuperado su olor y su color y con ello la alegría de aquel hogar, su hogar.

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