sábado, 22 de agosto de 2015

La mirilla

La melena larga y rubia de ella aun estaba enredada entre las sabanas de él.
Desde que se marchó del piso para siempre, no había lugar donde colocar un pie.
Sin ella, todo era un desastre, no porque no supiese hacer las tareas sino porque sin ella no tenia ganas de hacer nada.

Sus semanas pasaron lentas, tocaron al timbre y ni se levantó del sofá hasta que escuchó su voz. Era María, pero no podía abrir aquella puerta y que ella viera la casa así. Decidió solo observarla a través de la mirilla y esperar a que ella volviera de nuevo y así poder verla otra vez.

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