La noche empezaba bien eran las 12 y ya se habían bebido mas de 10 botellas de vino entre todos los amigos.
Celebraban la despedida de soltero de Juan, fueron hasta varios amigos de la infancia, sus vecinos y sus amigos íntimos.
Con esta despedida daban la bienvenida a la nueva vida que iba a tener Juan: nueva ciudad, una esposa, nueva casa y quien sabe si en la noche de boda ya iban pensando en tener hijos.
Todos estaban solteros y desatados, bebían como locos e intentaban ligar con todas las camareras del bar, las cuales sonreían tranquilamente, porque era a lo que estaban acostumbradas con hombres que salían de fiesta.
Al salir de aquel bar, fueron a un pub donde pidieron botellas de todo tipo: whisky, ron, champan, ginebra,.. y en el pub les dejaron hasta un reservado para ellos.
-La noche es nuestra- dijo Juan subido en una de las mesas.
Todos empezaron a tararearle canciones sin sentido con su nombre. Apenas se entendía nada de lo que decían, porque casi todos iban ya borrachos.
Cuando el pub empezó a llenarse salieron ellos haciendo la Conga. Juan iba en cabeza y agarró a una muchacha la primera, para que los siguiera, casi todo el pub bailó con ellos y al terminar la larga fila que habían formado los amigos gritaron:
-¡Viva el novio! ¡Viva!
Juan estaba emocionado, no sabia bien como quería tanto a aquellos granujas con los que tantos recuerdos tenia, tantas fiestas se había pegado con ellos, tantas discusiones y enfados habían tenido pero ahí seguían a su lado.
Empezó a pensar en que haría sin ellos, ahora que se marchaba lejos. No podría gritarle por el balcón a sus vecinos José y Enrique. Tampoco podría tocarles el timbre a las cuatro de la mañana para despertarlos, ni tirarles piedras a la ventana para que le abran la puerta.
Tampoco podría ver a diario a su compañero del colegio Jesús, que todas las mañanas abría la ciudad con el olor de sus churros, de los cuales Juan siempre le robaba uno.
También estaba Manuel, con el que por ir de viaje a Madrid encontraron los dos al amor de sus vidas. Eran amigos íntimos desde la infancia, siempre soñaron con casarse juntos, pero Manuel se adelantó porque iba a ser papá y el padrino desde luego no iba a ser otro que Juan.
Y que decir de Fran y de Jorge, a los que conoció de fiesta y con los que todos los fines de semana lo pasaba tan bien, ligando, riendo, bebiendo, fumando y armando una que otra por ahí también.
Pero la pena que le daba dejar de verlos a todos a diario se le olvidaba con la sonrisa que le dejaba ella, su futura mujer, supo que todo aquello iba a formar siempre parte de sus recuerdos, pero ahora era hora de madurar y pasar a tener recuerdos donde ella también formara parte de ellos.

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