Habían infectado la ciudad. Todo lo que los libros, las películas y series de acción creaban para nuestra imaginación había llegado a aquella ciudad.Quizá se extendió el virus a través de alguno de los barcos que llegaban al puerto o quizá alguien lo había programado de esa manera, pero cada vez más muertos que vivos paseaban por las calles al son de gritos desesperados de familias que no podían hacer nada contra ellos. Muchos de ellos abandonaban sus casas, sus cosas personales y salían a la calle con la esperanza de que una horda los cogiera y los uniera a aquellas manadas de asesinos muertos.
Un grupo de valientes amigos, que ya habían luchado alguna vez en situaciones así, decidió coger sus kits de guerra y sobre todo valentía para salir a la calle y enfrentarse a aquellos muertos vivientes, esperando que todo acabara pronto y de forma triunfal, pero sin quitarse ninguno de la cabeza que podía ser uno de ellos convertido en otro horrible monstruo en busca de sangre.
No podían perder mucho tiempo así que una vez preparados fueron al ayuntamiento de la ciudad, donde junto militares, cazadores y otros valientes se prepararon para una guerra dura y fría para salvar la ciudad.
Mucha gente se habían rendido bajo el lema "morir es vivir", lo que no sabían es que este grupo acabaría con sus vidas de nuevo, porque no iban a perder el tiempo, y no iban a afrontar aquella situación con miedo.
Comenzaba la batalla, aparecieron los primeros muertos vivientes por la plaza, los cuales les sirvieron para practicar puntería, acostumbrarse a los olores de aquellos seres y para preparar estrategias y no separarse jamás.
Las primeras horas fueron fáciles, aun no había la suficiente gente infectada, así que se dedicaron a poner a salvo al resto de la población. Los llantos de los niños difíciles de controlar les hicieron su tarea mas difícil, hacían de llamadores de zombies y tuvieron que buscar una nueva táctica de ataque, para poder a la vez vigilar el refugio de las familias que habían salvado. La mejor opción que encontraron fue separarse, unos para vigilar la zona protegida, porque era visitado a menudo aquellos zombies que correteaban libremente por la ciudad y otros luchando por las calles y salvando a quienes quedaran escondidos por algún lugar.
Las chicas vigilaron, mientras que ellos fueron en busca de gente a las que poner a salvo y a matar a todo zombie que se pusiera en su camino.No fue una tarea fácil, estaban incomunicados, el resto de ciudades no venían al rescate y cada vez menos gente quedaba con vida.
Las tres guerreras decidieron hacer aquella zona mas segura, para no tener que vigilarla y poder salir a ayudar, nadie mas podría entrar ni salir del edificio, pero así al menos podrían ellas moverse a luchar. Buscaron tablas enormes, fueron a una carpintería de la cual cogieron todo lo necesario para tapiar aquel edificio repleto de familias inocentes que no podían dejar morir.
Mientras tanto ellos ya se habían enfrentado a varias hordas de zombies y el cansancio empezaba a hacerse de notar. A base de bebida energética iban aguantando un poco más. Se patearon la ciudad, pero de repente encontraron a quienes no se tenían que cruzar. Los pelos de punta, aterrorizados, no sabían que hacer frente lo que sus ojos estaban viendo. Habían pasado tantas horas y andado tantos kilómetros, que no recordaban ni el lugar exacto donde las habían dejado a ellas, pero ellas incluso infectadas, como si de un imán hacia sus amigos y parejas se trataran, llegaron hasta ellos.
Uno de ellos levanto su arma y apunto a una de ellas a la cabeza, le temblaba el pulso, no quería disparar, pero debía hacerlo.
-¡No! -grito el novio de aquella chica.
-¿Como que no? Acaso no te das cuenta, sino las matamos nosotros lo harán otros y así no las podemos dejar.
-Lo se, pero en ese caso, la mataré yo -dijo mirando como se iba acercando ella poco a poco mientras a él no le dejaban las lagrimas ver ni donde tenia su arma.
Cogió la pistola y cuando la tuvo lo suficientemente cerca, apretó el gatillo a la vez que se escuchaba un grito de "lo siento" desgarrador. Mientras que a las otras dos les quitaron la vida con las espadas el resto del equipo llorando y viendo sus cuerpos al suelo caer.
Quedaron temblando, sin habla, sin ganas de luchar, porque en otras guerras en las que habían luchado, habían perdido buenos amigos, pero esta vez habían sufrido la perdida mas dura para el equipo, las mujeres de las cuales estaban enamorados.

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