sábado, 27 de febrero de 2016

A escondidas

Se tuvieron que ver a escondidas. Quedaron en un aparcamiento oscuro, donde por la hora que era suponían que nadie los iba a ver.
El abrazo nada más verse podría haber durado horas, pero deseaban darse un beso y enloquecer.

Hacia mucho que no se veían, que no tenían un rato juntos, que no se abrazaban tranquilamente sin estar pendientes de quien podría verlos o de lo que se pudiera comentar.
Fueron a un bar cercano donde no solía ir la gente que los conocía. Simplemente mirándoles a los ojos, la gente pudo notar que estaban locamente enamorados, que había amor entre aquellas caricias simples y que eran cómplices de toda la felicidad que se aportaban.

Solo una hora pudieron estar juntos y aun sin querer separarse, se despidieron de nuevo entre la oscuridad de aquel parking solitario, con un beso bajo aquella luna llena que parecía sonreír al verles.

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