Recuerdo que era una tarde donde las rachas de viento superaban los 70 km/h. Al bajar del autobús se me volaron los apuntes, pero ahí estabas tú. Yo salí corriendo a por dos de las hojas y tú corriste casi hasta la carretera a por las demás.
-Muchas gracias.
-De nada.Suerte en los exámenes y cuidado no acabes volandote tú.
Fue una broma fácil, pero de las que a mi me hacían reír a carcajadas.
Te marchaste pero apareciste de nuevo por la noche, en la misma parada del autobús.
-Hola chica de los apuntes voladores.
-Hola -sonreí tímidamente y algo colorada.
-Me alegro de saber que no has volado tú también.
Y lo que él no sabía es que si había estado volando toda la tarde, porque desde que el apareció mi mente se encontraba por las nubes.
-Prefiero volar acompañada, que sola es bastante aburrido.
-Entonces debo de...-extendió su mano boca arriba- pedirle si me concede un vuelo señorita.
Y cogidos de la mano decidimos volar juntos.
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