Una bella adolescente quería ir a la fiesta de un conocido del barrio. Todas las chicas de su clase iban a ir, porque al joven lo consideraban el más guapo de todo el instituto.
Los padres de Cenicienta no la dejaron ir. En sus cabezas pasaban imágenes de sexo, droga y alcohol, así que la encerraron en la habitación.
Cenicienta estaba en una época rebelde y por la ventana saltó. Se fue a la fiesta a escondidas y sus mallas más ajustadas lució. Llevaba un top que dejaba al descubierto el ombligo, porque quería ir a la última moda. Dejó a todos los chicos de la fiesta con la boca abierta. Pero...¿Y el chico de sus sueños? ¿Por qué no se acercó a robarle unos cuantos besos?
Al final ella acabó castigada, sin ser besada y todo por culpa de ser fotografiada bailando con sus nuevos amigos que, al subir las fotos a facebook, le dieron a los padres de Cenicienta todas las pistas que necesitaban para encontrar a su hija, que en la cama no estaba.
El castigo de esta niña rebelde fue un conjuro para no poder nunca tener a ese joven apuesto al que ella quisiera sostener entre sus brazos, bajo caricias, besos y abrazos.
Lo que sus padres no predijeron fue que el hechizo terminaba si ella de un hombre no se enamoraba. Y al estar tanto tiempo sin poder acercase a los hombres, descubrió que le gustaban las mujeres de su alrededor.
Se lo contó a su mejor amiga, avergonzada, por miedo a que su familia la rechazara. Ella la ánimo a lanzarse, a probar enamorarse y al ellas dos besarse, rompieron el hechizo y hasta pudieron casarse.
Y colorín, colorado, bésala ya si aún no la has besado.
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