Iban andando por todas las calles de la ciudad, riendo por todas las esquinas, sonriéndole a la Luna de aquella noche de verano.
Por la mañana no recuerda quien es, no sabe de que le suena, pero no se quiere acordar tampoco.
Y la noche siguiente todo son caricias, besos, en aquellas calles recorridas y en aquellas esquinas que fueron sonreídas la noche anterior.
Pero al día siguiente de nuevo no saber quien es, la mira, sonríe, pero nada más.
-¿Me conocerá? Claro, sino...¿porque iba a intentar acercarse a hablar conmigo mientras yo corro por un parque huyendo de el?- se dijo así misma.
Pero por la noche amor, completamente aquello era verdadero amor.
¿Y por que por la mañana estaba tumbado al lado suya, abrazado a ella y durmiendo en la misma cama que ella? No lo sabe.
Sin hacer ruido, salió de allí, los zapatos en la mano, cerró la puerta y escapó de aquella casa que no sabia ni de quien era.
Entrar a trabajar y al terminar solo tener ganas de diversión, ir al bar de todas las noches, cercano de casa, por lo que pudiera pasar después. De nuevo aparece aquel que hoy se hacia mas conocido, quizá porque era él quien había amanecido abrazado a ella por la mañana.
-Hola, esta mañana cuando he despertado ya no estabas ¿Que ha pasado?
-Tenia que ir a trabajar.
-Estas guapísima hoy, como siempre ¿me dejas que te invite a una copa?
-Mientras que invites, nunca te podre decir que no.
Copa, tras copa, risa tras risa, le encantaba aquel hombre, la hacia reír, la hacia sentirse algo mas.
Recorrer todas las calles en sus brazos hasta llegar a una esquina donde se funden y acaban de nuevo en aquella casa durmiendo, pero esta vez escapar mucho antes del amanecer. Salió para ir a casa y seguir durmiendo allí hasta el día siguiente, pero solo recuerda que todo le daba vueltas, que todo estaba negro, quizá un par de caricias con algún desconocido, algún beso o quien sabe que, pero seguía en casa, con ese dolor de cabeza que últimamente aparecía todas las mañanas y que con un par de pastillas se iba rápidamente y la activaban para ir a trabajar.
Pero aquella mañana no trabajaba, tocaron el timbre después de comer,eran unos amigos, traían bebida, mucha bebida, su cumpleaños, 23 años y con ganas de montar la fiesta mas grande del mundo para celebrarlo. Sexo, alcohol y drogas, como en las películas, tenia que haber de todo.
Sin haber pasado un par de horas ella ya estaba en las nubes, riendo por la casa que parecía una montaña rusa que acababa en el mar. El baño fue su mar, allí acabo medio encerrada, tumbada sin poder moverse.
Terminaron la fiesta sin ella, esa que nadie conocía bien, solo de un par de noches y alguna copa juntos.
Se fueron dejándolo todo perdido y la puerta abierta. Llego él, ese extraño particular que por el día no existía pero por las noches se convertía en algo único. Vio la casa revuelta, llena de botellas vacías y todo destrozado. ¿ Había pasado un huracán?
No era muy tarde, las once de la noche y ya no había nadie en la fiesta a la que había sido invitado.
-¿Hola? He llegado algo tarde ¿puedo pasar?
No se escuchaba nada, estaba desierto realmente. Pero la puerta estaba abierta, ella debería estar allí o por lo menos alguien que le pudiera explicar algo. Claro que estaba ella, la encontró en su mar de sobredosis.
Quiso vivir su vida al limite y el limite la había llevado al fin.
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