Se puso a mirar el cielo en busca de las estrellas más brillantes. El cielo estaba nublado, parecía incluso que iba a llover, pero él pasó horas en aquel balcón buscando las estrellas.
De repente, su madre preocupada, que lo observaba desde la cocina le preguntó:
-Cariño ¿Qué llevas mirando tanto tiempo?.
-Estoy mirando las estrellas. -respondió sin quitar la vista ni un momento.
-Y ¿has visto alguna ya? Porque hoy está bastante nublado, quizá sea un mal día.
El niño se giró, observó a su madre limpiando y le dijo:
- Todos los días que te miro, aunque este nublado, lloviendo o soleado, veo a la estrella más bonita y brillante del mundo. No creo que ninguna estrella de las que haya en el cielo puedan superarte, pero nunca es un mal día para encontrar cosas maravillosas.
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