Aprendió que el cansancio se lo daban las noches en vela, los días de estrés y las tardes sin dormir.
Supo valorar cada minuto en la cama, pese a que eran pocos, porque el trabajo y los estudios no la dejaban dormir.
Pero por otro lado, cuando parecía que podía apagar la cabeza, desconectar y cerrar los ojos, no le dejaban hacerlo.
No pudo dormir durante meses y cuando lo hizo, despertó sin saber el día ni el mes.
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