domingo, 18 de octubre de 2015

Adrenalina

Se consideraba amante de la velocidad, no había día que no montara al coche y quisiera sentir la adrenalina de pisar el acelerador a fondo, de adelantar, de sentir el motor del coche rugir, de tener la sensación de volar.
Se sentía como un pequeño pájaro haciendo piruetas en el aire, pero le faltaba algo, quizá sentir el corazón a más pulsaciones que lo que podía imaginar nadie. ¿Carreras tal vez? Porque no, se respondió a si misma, pero no era común ver a chicas conducir en las carreras, era algo muy de hombres. 

Decidió ir al callejón de la tortura, un conocido lugar de la ciudad por los talleres de tunning y donde por las noches, cuando las puertas de todos los talleres cerraban, comenzaba la acción de la velocidad en estado puro. Era un autentico negocio para los talleres, porque sabían que ganaban dinero todas las noches. Se olía a dinero, a drogas y a sexo nada mas llegar por allí. Las tías que animaban a sus conductores, no llevaban a penas telas en sus vestidos, a veces incluso encontrabas a muchachas que no llegaban ni a los 16, desnudas y perdidas por allí, bajo el efecto de sustancias que nadie quería conocer. 

Cuando apareció por allí, sabía que en los talleres se iban a reír de ella, excepto en uno, el taller de su amigo Pedro. Iba a ser difícil convencerlo para que la apoyara y poder participar en la carrera de esa noche, porque como todos, era un hombre que pensaba que la conducción agresiva no era apta para chicas. 

-¿Qué te crees que esto es fast and furius? Esto no es una película niña, esto es la calle, aquí quien sale a correr apuesta su coche y su vida, y si vuelve con vida necesita un nuevo coche.-Le contestó su amigo, con agresividad y temiendo por la vida de ella, porque sabían que al ver a una mujer, los tíos iban a llevar poco cuidado, les iba a dar igual todo, porque allí se iba a correr.

Aun así ella insistió, le dijo lo que le quería hacer al coche, el dinero que llevaba encima para invertir en él y que lo quería listo antes de las diez.

En parte su amigo vio una tía con posibilidades, sabia que ella amaba la velocidad y los coches tanto como él., que llevaba detrás de correr tiempo y que si se le había metido en la cabeza, no iba a dejar de pensar en ello hasta que no corriera aunque fuera una sola vez.

Durante toda la tarde, mientras el coche estaba en "peluquería y maquillaje" ella estudió cada curva, cada bache y las zonas donde se podía adelantar fácilmente. Dando ese pequeño paseo andando aparecieron algunos de los que todas las noches iban allí a animar, intentaron reírse de ella, acorralándola entre todos, porque no era común ver una niña bien vestida en aquel lugar, allí si eras tía tenias que ir en falda o sin ropa quizá. Le explicaron las normas para jovencitas que iban allí a intentar acabar en la cama de los que ganaban y ella los escuchó con una postura bastante masculina, con las manos en los bolsillos, sin temblar y sin gestos de nerviosismos en su rostro. 

-¿Habéis terminado ya de darme la charla? No estoy perdida, se donde estoy y a lo que he venido, y no necesito enseñar las bragas para acostarme con un tío- Les respondió y escupió al suelo- El próximo escupitajo va a vuestra cara de intento de macarras. 

Se sentía tan segura de si misma, sabia que nadie iba a poder con ella aquella noche. Al llegar al taller de su largo paseo, parecía otro, ni lo reconocía. Se emocionó al ver el cambió de su "gordo" como ella lo llamaba. Abrazó a Pedro que la miraba con entusiasmo y miedo a la vez. 

A las diez de la noche cerraron las puertas de todos los talleres, el callejón quedó oscuro por unos segundos, hasta que aparecieron todos los coches de la competición urbana. En el lugar de salida todos los conductores estaban rodeados de las jóvenes que suspiraban por ser una de ellas la que se fuera con el ganador. Casi todos preparados para la nueva noche de acción, pero ninguno sabia que entre ellos esa noche iba a competir una guerrera. Hizo su aparición apartando a la gente que se le ponía en medio, haciendo que su coche rugiera, como si fuera un león hambriento. Ninguno conocía el coche, excepto Pedro, que esperaba en la zona de salida, esperando la reacción de todos cuando vieran bajar a su amiga. 

Al abrir la puerta, miro hacia el resto de corredores y dijo:
-¿Empieza la fiesta o qué?

Aquella frase los demás tíos la tomaron como una amenaza, como si estuviera riéndose de cada uno de ellos. Incluso los que por la tarde la habían acorralado, sintieron en ella una mirada fría y poderosa, que los dejó con la boca abierta, porque no se habían imaginado que esa joven fuese a correr esa noche.

Motores en marcha, todos en posición, miradas entre los conductores como si de una pelea se tratara  y la gente gritando nombres para animar a quien querían que fuese su ganador.

Pedro cerró los ojos, no quería ver aquella salida, confiaba en ella, pero temía por su vida. 

Abrochados los cinturones, con dos tías en medio de la pista comenzó la cuenta atrás y empezó la acción.
Piso el acelerador como nunca, cambió de marchas, como si fuera a romper aquel coche, la salida fué espectacular la gente gritaba y a la vez no podían creer lo que veían. Adelantó en la salida a los tres que siempre acababan con  el coche roto, cosa que al publico no sorprendió.

Una vez que se iba acercando a los otros seis que estaban en cabeza siempre, fue cuando ella sonrió y quería ir a por todas. No quería dejar títere con cabeza, cada curva que hacia era perfecta. Y en la cuarta curva ya había adelantado a dos más. Se estaba colocando con los peores, en la posición de los que jugaban sucio. Ella había ido a darlo todo, no tenía miedo y si había que jugar sucio...también estaba dispuesta a jugar. 

Sabia que había un bache a un kilómetro y el coche que llevaba delante iba a intentar que ella cayera en él, pero a pocos metros se puso ella por delante, entorpeciendo su visión y haciendo que volara por los aires con aquel trozo de carretera. Pedro por pocos segundos pensó que el coche que ardía en llamas en aquel tramo era el de ella. Pero cuando fue a salir corriendo, vio el coche de aquella furiosa niña aparecer por otra de las curvas apunto de terminar aquella carrera. 

Terminó tercera en su primera carrera, se ganó el respeto de los que al principio se reían de ella y sobre todo se ganó el abrazo más increíble que le habían dado jamas, un abrazo lleno de nervios y de protección, un abrazo que no solo se lo daba su amigo sino aquella persona que le había rezado a todos los dioses durante aquellos minutos, sin el creer en ninguna religión.

Aquella noche en aquel callejón vivió más emociones que nunca en su vida y decidió que volvería pronto, para darles otra lección.


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