Suena el despertador, por lo menos y exagerando como siempre un poco, unas 500 veces, y lo apago las 500 veces, para que vuelva a sonar hasta que a la 501 me conciencio de que si no me levanto, donde quiera que tenga que ir, llegaré tarde.
Entonces piso el suelo helado, corro por toda la habitación, revolviendo por supuesto todos los armarios para encontrar algo de ropa que ponerme. Que aun teniendo miles de prendas, una para cada día del año, cuando busco algo, nunca lo encuentro. Perdiendo así tiempo y acordándome de esos minutos que he estado perdiendo en la cama, por no levantarme, ya que ahora: ¡Joder no me da tiempo a nada!
Si, esta expresión es la que todas las mañanas digo mientras me aseo, visto, retoco, cojo las cosas y todo a una velocidad de vértigo, contando cada segundo y aunque parezca mentira siempre me da tiempo a llegar en hora.
Aunque no siempre. Algunos días se escapan, el reloj parece que coge más velocidad, no soy yo la que llega tarde es mi querido reloj el que va mas deprisa de lo normal.
Y esos días digo "se acabo". Refiriéndome a la querida cama que me entretiene por las mañanas. Es ella la que no me deja moverme. Si me levanto antes se enfada y a la noche siguiente parece que duermo hasta peor. Además ella sabe que me encanta quedarme, por eso me obliga, me secuestra.
Es algo que no puedo remediar ni poniendo el despertador 5 horas antes, porque siempre me levantaré 6 horas después.

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